Las vacaciones constituyen un descanso muy necesario para nuestra salud física, mental y emocional. Es una pausa indispensable para poder recuperar energías y seguir adelante. Sin embargo, no siempre logramos desconectarnos del trabajo: el miedo, la culpa por una responsabilidad mal entendida y las preocupaciones suelen impedirlo. A continuación, veremos algunos elementos para entender por qué es importante desconectar en vacaciones y cómo hacerlo.

Por qué debemos descansar

El descanso es parte fundamental del cuidado personal y del bienestar. Y es importante considerarlo así para liberarnos del sentimiento de culpa que podemos sentir al no estar trabajando. Y es que, en una sociedad obsesionada con la productividad, en la que además las personas están permanentemente conectadas al trabajo a través de la tecnología, desconectarse puede ser una tarea muy difícil.

Las vacaciones son necesarias para reducir el nivel de estrés y aumentar la percepción de bienestar. Al mismo tiempo, esta pausa en la rutina incrementa la concentración, mejora el rendimiento y fomenta la creatividad. Una persona que ha tenido un buen descanso durante las vacaciones será un trabajador más productivo y eficiente.

Las razones por las que no tenemos un buen descanso

Durante las vacaciones, muchas veces estamos pensando en las tareas que nos esperan a la vuelta del trabajo o en las cosas que no alcanzamos a resolver. Y eso nos impide desconectar. Por eso, una de las cosas que se deben hacer antes de salir de vacaciones es dejar el trabajo terminado. Y delegar todas las tareas que pudieran surgir durante nuestra ausencia. Así podremos tener la tranquilidad para desconectar y concentrarnos en el descanso físico y mental.

Consejos para aprender a desconectar

Las vacaciones son un momento para ser feliz, y hay algunas cosas que se pueden hacer para lograrlo. La primera es olvidarse del despertador y de los horarios. Un exceso de planes muy programados durante las vacaciones puede generar una sensación de estrés. Es preferible relajarse y no querer hacerlo todo.

Un cambio de rutina también es fundamental. Tiene que notarse que estamos de vacaciones: otra ropa, otro aire, otra ciudad, otras actividades… El cerebro se estimula al cambiar de hábitos y hacer cosas que no hacemos habitualmente. El aire del mar puede ser una gran idea para quienes viven en el interior. Y las personas que viven en la playa pueden beneficiarse del aire de la montaña. Lo importante es romper con la rutina.

Las vacaciones son un momento para compartir, para pasar más tiempo con la familia o visitar más a los amigos. Pero también es importante encontrar tiempo para nosotros mismos, para cuidarnos y hacer las cosas que nos gustan. Y guardar ese buen hábito durante todo el año.